
Pensaba que después de tantos años, pocas cosas me podían sorprender tanto, pero, me equivoqué. Trabajo en una oficina, y mi labor consiste entre otras cosas, en elaborar y cobrar la “dolorosa”.
Hace unos días, vino a la oficina un tipo con cara de mucha pasta y pocos amigos. Cuando le presenté la factura, con un mohín de disgusto me dijo:
-Esta factura está mal. La suma de las partidas no dan el importe total.
(Como en el 90% de las oficinas (por no decir el 100%), las facturas se emiten con ayuda de un programa informatico definido.)
Yo, no sabía qué pensar, ¿me encontraba frente a frente con un genio matemático que sumaba al céntimo?¿Tenía un virus o un duende el programa informático?. Así que, ni corta ni perezosa, y emulando a las azafatas del Un, Dos, Tres, sumé calculadora eléctrica en mano todas y cada una de las líneas de la factura, leyéndoselas a la vez.
La factura era correcta, como suponía,. Así que con susurros por su parte (ya me gustaría haber oído exactamente qué decía) abonó la minuta.
Eso sí, me quedé esperando el archiconocido: “Campana y se acabó”.
jajaja, pero tenias que haberselo dicho con un poemilla como las tacañonas...
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